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El Papa presentó su primera encíclica junto a un ejecutivo de una empresa de IA: por qué generó polémica

León XIV compartió el escenario con el cofundador de una compañía de inteligencia artificial al presentar «Magnifica Humanitas». Fuentes vaticanas insisten en que fue un reconocimiento, no un aval.

✍️ Administrador 📅 04 de September de 2026 ⏱ 6 min de lectura 👁 17 visitas
Atril de madera vacío junto a una pantalla translúcida con líneas doradas, evocando el encuentro entre Iglesia y tecnología

Una presentación sin precedentes en el Vaticano

El 25 de mayo de 2026, León XIV se convirtió en el primer papa de la historia en presentar personalmente una encíclica ante el mundo, en lugar de delegar ese papel en cardenales u otras figuras de la Curia, como era costumbre. El documento, «Magnifica Humanitas», dedicado a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, se presentó en el Aula del Sínodo del Vaticano con un detalle que generó tanta atención como el propio texto: entre los ponentes invitados a intervenir estaba Christopher Olah, cofundador de una compañía estadounidense de inteligencia artificial y responsable de investigación sobre interpretabilidad de sus modelos.

Qué dice la encíclica y por qué invitaron a una empresa tecnológica

El texto advierte de que el desarrollo de la inteligencia artificial no puede quedar «en manos de unos pocos», alerta sobre cómo la riqueza mundial se concentra cada vez en menos manos gracias a estas tecnologías, y pide a los responsables políticos orientar las políticas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno y una distribución más equitativa de los beneficios de la innovación. Una fuente vaticana consultada por medios internacionales explicó que invitar a una voz externa del sector tecnológico no era la práctica habitual en este tipo de actos, pero que el objetivo era ampliar el diálogo sobre las cuestiones planteadas por la propia encíclica, en la línea de un acercamiento entre el Vaticano y Silicon Valley que, según distintos análisis, se remonta ya a una década de contactos discretos sobre el coste humano de estas tecnologías.

El ángulo poco contado: una empresa en litigio con la Casa Blanca en el mismo escenario papal

Lo que buena parte de la cobertura inicial no destacó con suficiente claridad es que la compañía representada en el acto mantiene, en paralelo, un litigio abierto con la Administración estadounidense por negarse a permitir el uso militar irrestricto de su tecnología de inteligencia artificial. La presencia de su cofundador en un acto presidido personalmente por el Papa fue interpretada por algunos observadores como un respaldo implícito de la Santa Sede a la postura de la empresa en ese conflicto regulatorio. Fuentes vaticanas, sin embargo, equipararon la invitación a la que recibiría cualquier jefe de Estado o representante institucional relevante: un gesto de reconocimiento a su peso en el sector, no un aval a sus decisiones comerciales o legales concretas. El propio ponente coincidió, en su intervención, con una de las advertencias centrales del documento papal: que el desarrollo de la inteligencia artificial está hoy concentrado en un puñado de países ricos, y que la voz de instituciones como la Iglesia resulta necesaria para asegurar que sus beneficios se compartan globalmente.

Matices y fuentes que no coinciden

No todos los analistas leyeron el episodio de la misma manera. Algunos comentaristas económicos señalaron que la encíclica, pese a su tono crítico hacia la concentración tecnológica, corre el riesgo de ser instrumentalizada por las propias empresas del sector como una forma de legitimación moral, precisamente por la visibilidad que les otorga compartir escenario con el Papa. Otros, en cambio, destacaron que meses antes, a finales de marzo de 2026, la propia compañía había organizado en su sede de San Francisco un seminario con quince teólogos y líderes cristianos para recabar asesoramiento externo sobre el comportamiento ético de sus futuros modelos, lo que sugiere, según esta lectura, un interés genuino por incorporar una reflexión moral externa y no solo una búsqueda de imagen pública. Ambas interpretaciones conviven hoy sin que ninguna fuente haya podido zanjar cuál pesó más en la decisión final de invitar a esta figura concreta al acto de presentación.

Por qué esto importa hoy

Que un papa decida romper con la tradición de delegar la presentación de sus propios documentos y elija, además, compartir ese momento con una figura de la industria de la inteligencia artificial, revela hasta qué punto la Santa Sede considera esta tecnología uno de los grandes desafíos estructurales de la época actual, comparable en su magnitud institucional a la respuesta que el propio Vaticano articuló durante la pandemia con su comisión especial contra la covid-19. El episodio deja además una pregunta abierta que probablemente marcará los próximos años de esta relación: si la Iglesia logrará mantener una voz crítica e independiente frente a las grandes compañías tecnológicas, o si su cercanía discursiva con algunas de ellas terminará por diluir, ante la opinión pública, la distancia moral que la propia encíclica reclama frente a la concentración de poder en manos de tan pocas empresas.

El propio documento se inserta, además, en una reflexión vaticana que no comenzó con este pontificado: ya en enero de 2025, bajo el papa Francisco, los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación habían publicado una nota doctrinal previa sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, que advertía de que ninguna máquina puede sustituir la conciencia moral ni la libertad humana. León XIV ha optado por dar continuidad a ese trabajo creando, además, una comisión interna formada por representantes de varios dicasterios y academias pontificias para coordinar la política institucional de la Santa Sede frente a estas tecnologías, en un movimiento que algunas fuentes vaticanas comparan, por su ambición organizativa, con la comisión especial que el propio Vaticano creó en 2020 para responder a la pandemia de covid-19.

Queda por ver, en cualquier caso, si esta apuesta por el diálogo directo con las grandes compañías tecnológicas producirá resultados concretos más allá del propio gesto simbólico de la presentación conjunta, o si se quedará, como ha ocurrido con otros documentos vaticanos sobre temas técnicos complejos, en una llamada de atención moral con escaso impacto real sobre las decisiones comerciales y regulatorias que finalmente determinan el rumbo de estas tecnologías.

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